recordar lo que leemos

Haz deporte. Medita. Levántate a las 5. Explora tus horizontes. Come sano.

Haz el pino con los pulgares.

Parece que si quieres ser alguien mejor todo internet te grita que no estás haciendo lo suficiente.

Que tienes que hacer esto, o aquello.

Y es mentira.

Pero si estás aquí y quieres ser mejor, te traigo algo útil.

Algo que probablemente cambie tu rendimiento y tu forma de aproximarte al conocimiento y a la lectura.

O no, vaya.

Que yo no tengo ni idea de qué haces, ni nada.

Pero lo dicho, que te voy a contar algo.

Por qué no recordamos lo que leemos.

Y cómo remediarlo.

Vamos, cómo lo he remediado yo, y cómo lo hace otra gente que, a lo mejor, merece ser tenida en cuenta.

 

Consejo previo: no leas más libros

Para empezar, una cita que hará que los amantes de los libros dejen de leer este artículo a la de ya:

“La vida es demasiado corta para leer malos libros”

La primera vez que la leí registré en mi memoria que es frase cita de Borges, y como tal la he guardado en lo más hondo de mi cabeza.

No sé si es verdad, pero me lo aplico religiosamente.

Muchos autores que he leído, tanto clásicos como contemporáneos, también lo aplican.

Si un libro, sea de ficción o de no ficción, es malo, déjalo.

¿Que cómo sé que es malo?

Pues tú verás cuál es tu definición de malo, pero a lo que voy es a que hay tanta información (en no ficción) e historias (de ficción) disponibles en el mundo, que seguir leyendo cuando un libro no te dice nada es perder el tiempo.

Es decir, estar más cerca de la muerte.

Nada más, y nada menos.

Así que si un libro no te engancha, déjalo.

Otra cosa es que tengas que estudiártelo o aprendértelo.

 

Segundo consejo: deberías leer más libros

Hay una pieza muy interesante de Scott Young en la que defiende fervientemente que, en lo particular cuando se trata de desarrollo personal y filosofía, deberíamos leer más libros.

En ese artículo pone en la balanza el coste y el posible beneficio de leer muchos libros.

En particular, cuando esos libros son parecidos.

Porque no nos vamos a engañar, leído un libro del gurú de turno, leídos todos.

El caso es que leemos y leemos, pero de aplicar nada, oiga.

Pues bien, dice Scott Young aquí que deberíamos leer más libros.

Porque el coste de leerlos, es decir, la inversión de tiempo, bien compensa el posible aprendizaje que te puedas llevar.

Y ahora dirás: ¿pero cómo voy a aprender si te estoy diciendo que no me aplico ná de ná?

Bueno, pues el amigo Scott dice que no te preocupes porque te sepas todos los consejos top de desarrollo personal y productividad aunque no te apliques una mierda, porque en el fondo quizá estés aprendiendo por repetición.

Y que a base de repetir, pues algo quedará.

Y que te encontrarás algún día con la sorpresa de que todo tiene un nuevo sentido.

Yo lo que creo es que Scott espera que algún día quien se hincha a leer libros sobre lo mismo madure y, al descubrir que no encuentra nada demasiado novedoso, decida que es hora de pasar a otro tema.

Por cierto, esa es mi regla de oro cuando trato de perfeccionar mis habilidades y estudio materias o disciplinas específicas.

Soy autodidacta hasta el exceso, y más o menos tiendo a desplazar un tema de “estudio” por otro cuando veo que las horas que invierto me traen muy pocos o ningún nuevo aprendizaje.

Así que sí, puedes ir pensando en leer más libros. O menos.

Yo te voy a contar cómo recordar lo que lees, que es lo que motivó este artículo.

(Por cierto, el post de Scott es este)

 

Cómo recordar lo que leemos

Hay varios métodos que se pueden utilizar para recordar lo que lees con relativa facilidad, tanto combinados como por separado.

Te voy a contar el mío.

Vale para estudiar y para leer por placer, especialmente no ficción.

Lo primero es seleccionar adecuadamente el libro.

Como si buscas recordar lo que lees porque eres estudiante quizá no tengas mucho que decir a la hora de seleccionar la lectura, voy a hablar ahora para los que sí que pueden elegirla.

Primero, elige el libro. Sabrás poco más que el tema, así que procura que te resulte interesante.

Si conoces al autor, o quieres conocerlo, es una buena idea y es el segundo paso: intenta bichear un poco online qué tipo de trabajo desarrolla ese autor y qué ideas ha desarrollado a lo largo de su carrera.

Esto te dará un poco de perspectiva para “colocar” tu cabeza a la hora de leer.

Cuando hayas hecho esto, será momento de echarle un ojo al índice. Así tendrás una idea general no solo del tema del libro, que ya deberías tener, sino de cómo enfoca el autor el desarrollo de ese libro.

Bien, resumimos:

  1. Libro.
  2. Autor.
  3. Índice.

Y cuatro, lápiz y papel. Los post-its son opcionales, pero para mí son indispensables.

 

La lectura (propiamente dicha)

Leer en condiciones es leer activamente, pausadamente, dando oportunidad a la reflexión.

El simple gesto de escribir o subrayar con la mano puede desencadenar ese proceso de reflexión y darnos unas décimas de segundo para madurar la idea.

También ayuda la distribución del tiempo.

Personalmente, intento dedicar un tiempo más o menos continuado a la lectura cada vez que leo, para sumergirme así lo suficiente en el libro.

Es decir, que procuro evitar leer en bloques de diez minutos en diez minutos.

Esto me permite mantener un enfoque amplio sobre el contenido del libro y establecer relaciones entre las distintas ideas, que terminarán de cobrar sentido dado que he trabajado el índice previamente.

Después vienen las notas.

No anoto todos los libros que leo. O audioleo.

Pero sí anoto las ideas principales de los libros que creo que merecen la pena.

En 2019 leí 33 libros. Tengo un post en el que hablo de los mejores 5, te lo dejo abajo si quieres.

Así que anoto.

Y anoto con bolígrafos de dos colores porque me viene mejor.

Tú puedes usar uno, pero lo importante es lo siguiente: que distingas bien cuáles de tus anotaciones pertenecen a contenido del libro, y cuáles son tus propios pensamientos.

En la parte de la filosofía que se dedica a estudiar cómo funciona la interpretación de los libros, la hermenéutica, ha quedado claro desde hace tiempo que cada lectura de un libro es distinta de cualquier otra.

No solo porque un libro puede tener miles o millones de lectores diferentes, sino porque lo que interprete cada uno también estará marcado por su propia experiencia subjetiva.

Así que deja claro cuando anotes los libros (anotar, no resumir) qué ideas son del autor, y cuáles son tuyas.

Respecto del momento en el que decidas anotar, como con todo lo demás, tú eliges.

Puedes anotar al final de cada capítulo, cada parte, o conforme lees.

Yo anoto cuando termino el libro siempre y cuando sea menor de 400 páginas. Si tiene más, suelo hacerlo por mitades o partes.

Me parece más ágil, tú verás cómo te viene mejor.

También puedes no hacer ni remoto caso de lo que te cuento aquí, vaya.

Pero sí será beneficioso para ti que, utilices el sistema que utilices, seas consistente. Que lo mantengas a lo largo de los libros que leas durante un periodo determinado.

Por ejemplo, mis notas de los libros que leí a principio de la veintena son un caos.

Tengo más de diez libretas, cada una dedicada a un tema, donde apuntaba cosas ordenadas por temas.

Si no tenía la libreta concreta en su momento, empezaba otra (me han regalado muchas libretas en mi vida).

Inconveniente más frecuente: varias libretas sobre el mismo tema.

Así que cambié.

El sistema que mejor funciona para mí ahora mismo es guardar una libreta por cada año natural.

De hecho, las lecturas son lo único que mido en mi vida con referencia al año natural (dentro de algunos artículos te hablaré sobre mi sistema de medición de la mejora).

 

La post-lectura

La mayoría de la gente que conozco termina su lectura cuando termina el libro.

Yo no.

Primero, porque tomo las notas al final de la lectura, como te digo. Y eso hace que irremediablemente vuelva sobre el libro, o sobre sus fragmentos subrayados, al menos.

También presto especial atención a los post-it que he ido colocando. Suelo hacerlo en pasajes que resumen las ideas de varios capítulos anteriores o en los típicos momentos de “¡Ajáaaaaaaaa! Así que esto va de esta manera…”.

¿Qué cómo sé cuáles son esos momentos?

Pues por práctica.

Se puede aprender a recordar mejor lo que se lee, pero lleva práctica.

Hay algo más que hago al terminar de anotar.

Dos cosas, de hecho.

La primera es volver sobre libros anteriores a ver si existen relaciones con ese libro. Hago breves anotaciones si es así, y si me sirven para escribir artículos como este, pues lo incorporo a mi sistema de creación de contenidos.

La segunda es… que se lo cuento a alguien.

La lectura y el aprendizaje forman parte de mi esencia. Así que compartir lo que aprendo, al menos con mi entorno más íntimo, es bastante regular.

Quien dice entorno íntimo dice pareja y cuatro amigos, pero mira, así voy consolidando.

Y eso hace que las ideas de ese libro pasen con más facilidad a formar parte de mi memoria, en lugar de tener que estudiar sin contexto ninguno los nombres de los capítulos y esquemas de qué contienen.

Y así, queridos amigos, es como uno puede entender que tiene sentido leer “más libros”.

Primero, si deja de leer los que no le aportan demasiado.

Y segundo, si lee más y más aunque ya se sepa parte de lo que lee.

Y si aplica todo lo demás, claro.

 

Gente interesante que aplica sistemas parecidos

Un día en primero de Filosofía un profesor nos dijo que quien leía Filosofía sin un lápiz en la mano estaba mejor haciendo cualquier otra cosa que no fuera leer.

Esa idea también la había oído antes.

Y algo bueno tendría que tener estudiar humanidades, si alguien de la talla de Bradford DeLong explica un sistema parecido en su blog.

Si no sabes quién es, DeLong es un historiador económico que da clase en la Universidad de California. Y tiene un post muy chulo con diez pasos para recordar mejor lo que se lee.

El artículo es este, está en inglés y está calentito: apenas lleva escrito un mes.

Por mi parte, te dejo un post exclusivo para suscriptores con mis mejores lecturas de 2019, por si te pudiera interesar.

Si pones en práctica algo de lo que has leído aquí y te apetece, cuéntamelo. Me encanta hablar de estas cosas, la verdad.

Nos leemos 😉

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