La única habilidad que te abre la puerta a todas las demás

Por favor, para leer la siguiente frase, pon voz de noticiero:

“Las habilidades blandas o soft skills son el futuro en una economía hiperconectada donde la robotización…”blablablá

En las revistas de emprendedores el único futuro posible es aquel en el podremos mantener nuestro puesto de trabajo si y solo si desarrollamos las habilidades blandas.

O lo que viene siendo, la capacidad de ser humanos y conectar con el otro.

Empatía, comprensión, negociación, liderazgo…

Algunos dicen que hasta ser positivos.

Vaya, esas.

Yo creo que son habilidades fundamentales, y que en la mayoría de los trabajos pueden ser útiles.

Pero también creo que el afán de desarrollarlas y el pensamiento flower-power pierden el norte de vez en cuando.

“Si crees en los sueños, ellos se crearán”

BULLSH*T

El árbol no nos deja ver el bosque.

Y es que las soft skills no son la clave y no sirven para nada sin otra habilidad.

Una intrínsecamente humana y que ha definido lo que entendemos por “humano” en gran parte de la historia de la filosofía.

Nuestra capacidad de razonar.

O, más exactamente, nuestra capacidad de discernimiento.

 

¿Te agobias?

Sí vivimos en un mundo hiperconectado. Sí estamos siendo impactados de forma continua por estrategias publicitarias.

Yo me gano la vida con ello.

Pero seguimos siendo los mismos primates que hace dos mil años.

Los mismos que hace doscientos.

Los mismos que hace veinte.

Y tenemos un problema de atención.

 

Ahora bien, no es un problema de atención como los de antes.

Nuestro conocimiento sobre cómo funciona la psique es tan profundo que somos capaces de diseñar experiencias de usuario adictivas como nunca antes.

Mapas de calor que analizan los patrones que sigue el ratón de cada usuario por la pantalla.

Neuropublicidad.

Redes sociales pensadas exclusivamente para que los usuarios maximicen su tiempo en la plataforma.

Botones de like.

Y nuestras reacciones hormonales, construidas tras milenios de evolución, siguen el camino pautado, como no podría ser de otra manera.

Por eso tenemos esta permanente sensación de llegar tarde a todo.

Porque no ponemos atención plena en lo que debemos, y vamos demasiado rápido.

Aderezado con unas gotitas de cultura del emprendedor, tenemos un cóctel maravilloso para sufrir ansiedad.

Vivimos con demasiados frentes abiertos. Y nuestra época tiene dificultades propias.

Eso no quiere decir que antes no se viviera con problemas: guajes, trabajo y una cierta inquietud por el dinero.

Pero ahora no somos humanos, somos el perro de Pavlov en medio de un experimento.

Nuestra atención es tan escasa como siempre, y las técnicas de persuasión más eficientes que nunca.

Nuestro tiempo también es escaso. Finito.

Cada vez que decimos que sí a algo, decimos que no a todo lo demás.

Y si se lo decimos a medias, perdemos doblemente.

 

Las renuncias en un sí

¿Qué deberías estar haciendo ahora mismo, mientras me lees?

¿Tienes a tu pareja al lado? ¿A un amigo? ¿A tus hijos?

¿Deberías estar haciendo otra cosa?

Porque si me lees, solo me lees.

O quizá tienes un podcast de fondo y no te enteras de la mitad de este artículo, ni de la mitad del podcast.

O estás cavilando.

Repito:

Cada vez que decimos que sí a algo, decimos que no a todo lo demás.

Sí a esa llamada de ese cliente roba-tiempos.

Sí a responder un email en el mismo momento en que otra persona lo envía.

Sí a las notificaciones de whatsapp.

Al sonidito del demonio, a la vibración.

¿Y si no lo miro, será importante?

Sí a mirar el teléfono mientras mi mejor amigo me cuenta su drama vital en medio de una cafetería.

No, a todo lo demás.

¿Alguna vez te has parado a pensar qué cosas merecen de verdad el sí de tu atención y tu dedicación? ¿Cuáles merecen un no?

Pues esa es la mayor habilidad de todas, la que te dirá de verdad a dónde vas y qué soft skill deberías desarrollar.

Debemos aprender a distinguir qué sí y qué no.

A romper nuestro patrón de conducta, a luchar contra la descarga hormonal, a retrasar la gratificación.

A discernir.

Y si luego la conclusión es que todo eso es lo que debería hacer bien, perfecto.

Pero lo habrás decidido de forma reflexiva, no inconsciente.

Porque la mayor parte del tiempo vivimos sin dedicarle un momento a la reflexión.

Sin discernir.

 

¿Cómo aprender a discernir?

Dentro de la parte en la que desarrollo personal y psicología se solapan hay una cantidad ingente de herramientas para decidir si algo merece la pena (el tiempo) o no.

Los estoicos incluían reflexiones matutinas y vespertinas a diario, donde se preguntaban muchas cosas.

Ahora, los hay que prefieren un diario. Perdón, un journal.

O también, los hay que dedican tiempo de vez en cuando a escribir a un amigo “ancla”, poniendo en contexto lo que han hecho últimamente.

Usándolo de journal.

Porque si no piensas no vives: sobrevives.

Pues bien, de todas esas hay una herramienta que a mí me resulta muy interesante.

La descubrí como tal en el blog de Raúl Hernández González en 2018, aunque había desarrollado una versión muy parecida por mi cuenta unos años antes.

Y es la rueda de Zig Ziglar, o rueda de la vida.

Me gusta porque es un buen punto de partida para diagnosticar cosas que no funcionan y tener una primera dirección a la que dirigir nuestros esfuerzos

Funciona más o menos de la siguiente manera.

Tienes una serie de áreas generales con subcategorías, y puntúas en cada una del uno al diez.

La media entre las subcategorías te dará la media con cómo te sientes en cada faceta general.

Y al tener unas categorías predefinidas, contribuye a que no te olvides de ninguna parte de tu vida.

Relaciones sociales, familia, entorno profesional, aprendizaje, hobbies, salud…

¿Resulta que en finanzas personales, en general, no vas muy bien? Pues si te preguntas cómo te sientes con tus ingresos del uno al diez, con tus gastos, con tus ahorros o tus donaciones, quizá descubras algo interesante.

Un sitio desde el que empezar.

Y seis meses o un año después, vuelve a preguntarte, a ver qué tal.

Pues esa es la rueda de Zig Ziglar. Te dejo un enlace abajo del todo para que veas lo que explica Raúl en su blog, por si te convence.

A mí me ayudó a cerrar muchas puertas y a darme cuenta de que debía lanzarme al vacío cuando estaba llena de miedo.

Haz la prueba si quieres.

Y a partir de ahí, será cuestión de discernir: de decir sí a según qué cosas, y de decir no a todo lo demás.

 

Mi experiencia entrenando la capacidad de discernir

Siempre que se me plantea por delante la oportunidad de formar parte de un proyecto valoro las mismas cosas.

Valoro si tengo ganas de verdad. Si me mueve el estómago, al menos.

Valoro si se trata del momento adecuado.

Y valoro si estoy dispuesta a hacer de ello una prioridad.

Si tengo “apetito” de verdad.

Y entonces, solo entonces, digo sí. O no, a todo lo demás.

 

Este sistema ha sido bastante útil en los últimos años, habida cuenta de que me meto en cualquier jardín por el que pase con bastante facilidad.

Pero eso no ha ayudado demasiado a mi tranquilidad mental…ni a mi paz de espíritu.

Ha hecho que no pueda dar mi cien por cien algunas veces. O mi cincuenta por ciento.

Así que he establecido esa serie de reglas. Pero no son las únicas. Hay más.

 

Después de decidir si voy a formar parte o no de ese proyecto, explico a los demás -y me recuerdo mí misma- cuáles son mis líneas rojas y cómo funciona mi manera de trabajar.

Es sencilla, se resume en dos frases sobre el mundo y otras dos sobre mi propio sistema.

 

Sobre el mundo:

– Hacer más y tener foco es mejor que hacer mucho y no tener control

– Hay un punto en el que trabajar más no significa producir más, sino menos. O como diría James Clear, being in motion ≠ taking action.

 

Sobre mi Sistema de trabajo:

Pareto drástico. La regla de Pareto aplicada a productividad personal viene a decir que con el 20% del esfuerzo se consigue el 80% de los resultados. Pues bien, yo mido mi interés y mi apetito en 90-10.

Siguiendo Essentialism, si mi apetito por un proyecto no es un 9 sobre 10, entonces lo cambio automáticamente a cero.

(Quien dice un proyecto dice un café. Y entonces, no voy.)

Esa es la segunda parte de mi Sistema de trabajo, donde también aplico mi versión de Pareto:

– Elimina todas las opciones menos una.

 

Cuando no sepas exactamente qué camino seguir y tengas muchas puertas delante aparentemente igual de buenas, elimina todas las opciones menos una.

¿Cómo?

Coge todas las puertas. Pregúntate cuán viables o seductoras son del cero al diez.

Elimina las que no sean un 9 o un 10. Sin pensarlo.

Si alguna empata, vuelve a puntuarlas comparando entre sí.

Y entonces ya sabrás qué elegir.

 

Pero aquí cabe un inciso.

Conviene tener en cuenta una cosa más: si vas a aceptar esa opción que puntúa con un 9 y tu corazón te dice que pares, entonces para.

¿Sabes la historia del niño que perdió a cara o cruz?

Se jugaba un osito nuevo.

No sabía qué elegir y, en vez de elegir una opción, le preguntaron: ¿quieres elegir cara?

Y dijo que sí, sin pensarlo demasiado.

¿Qué pasó cuando tiraron la moneda al aire?

Que ya lo sabía. Que quería elegir cruz.

Pues con las opciones pasa lo mismo. Si tu corazón te dice que pares, para.

Déjalo dormir y reevalúa.

Pocas cosas hay tan vitales en esta vida que no puedan esperar un poquito más.

Al menos lo suficiente como para dormir sobre ellas. Como para darles una vuelta.

 

Después de discernir hay más

Imagina que ya tienes opción ganadora.

Te encanta la posibilidad, tienes todo a favor.

Pues bien, entonces recuerda:

Cada vez que dices sí a algo, dices no a todo lo demás.

Es decir, cada vez que elegimos debemos estar dispuestos a pagar el precio.

¿Mandar ese whatsapp mientras conduces?

¿Ver un capítulo más en lugar de mandar ese presupuesto?

¿No dormir hoy lo suficiente?

Cada vez que dices sí…

 

Los precios a pagar son diversos.

Para muchos el más duro será el precio social.

Cambiar tus hábitos de vida y vivir de acuerdo a tus intereses quizá suponga que alguien se vaya quedando por el camino.

Esas rupturas, de las que nadie habla, también llevan su proceso.

Pero no son el único precio a pagar.

Podrá haber un coste económico también, para bien o para mal.

Y frente a todos esos costes, precios, o como los quieras llamar, solo se puede hacer una cosa. O dos, más bien.

La primera es protegerse. Pensar qué puedes enfrentar y cómo lo harías si se presenta la situación te dará ventaja.

La segunda es agradecer lo que has tenido y contextualizar tu poder sobre la situación.

Valorar exactamente qué puedes controlar, y qué no.

Si has leído el post sobre las estrategias psicológicas de los estoicos sabrás que la distinción entre lo que podemos controlar y lo que no es fundamental para los estoicos.

Aquí también lo es.

En la adolescencia, cuando el grupo social se amplía y el estatus adquiere un nuevo significado, no puedes controlar lo que hagan los demás.

No puedes controlar que tu amigo ya no quiera pasar tiempo contigo porque no quieres salir más.

Tampoco puedes controlar qué dirán quienes estén a tu alrededor.

Cuando en un momento de tu vida decidas dejar de beber alcohol (como yo), y haya quien comente negativamente sobre ello a pesar de que ni le vaya ni le venga… no podrás controlarlo.

Pero podrás elegir qué hacer con ese precio. Cómo encararlo.

Y encarar las cosas siempre es más fácil si las ves venir.

Así que eso es: cultiva la capacidad de discernir.

No porque sea una habilidad mejor que una soft-skill.

Sino porque te permitirá saber a qué quieres decir realmente sí.

Porque si dices a algo que sí… dices que no a todo lo demás.

 

“At any one time there is only ever one priority”.

Essentialism, Greg McKeown, p.190.

Enlaces interesantes:

Estrategias psicológicas de los estoicos.

– Raúl Hernández González sobre la rueda de Zig Ziglar

7 comentarios en “La única habilidad que te abre la puerta a todas las demás”

  1. Muchas gracias por el blog y por esta entrada. Me ha gustado especialmente lo de «Pareto drástico» y, especialmente, eso de que «cuando dices ‘sí’ a algo estás diciendo ‘no’ al resto». En mis procesos de toma de decisiones (como bien dices, desde participar en un proyecto laboral de largo recorrido hasta tomar un café con un conocido) siempre me pregunto cuál es el precio que voy a tener que pagar por mi decisión: ¿estoy dispuesto a pagarlo, REALMENTE quiero hacerlo?
    De nuevo, ¡gracias! Saludos desde el Sur.

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    • Hola Miguel, muchas gracias por pasarte por aquí! Me alegro de que te haya gustado el Pareto drástico, es una herramienta muy, muy útil.
      Cuando sabes exactamente qué quieres hacer, y a qué coste, ya solo hay una cosa en que centrarse: hacerlo, disfrutarlo.
      Un saludo de vuelta desde el Norte!

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  2. Hola Noemí.
    Admiro con tu juventud cómo eres capaz de analizar la vida de una manera tan clara.
    Este texto tendría que haberlo leído hace 30 años y seguro que mi vida hubiese sido diferente.
    Qué difícil es elegir entre tantas opciones y poner el foco o la conciencia plena en lo elegido. Cuanto tiempo perdido que nunca más volverá.
    Qué inconscientes somos al no darnos cuenta de lo importante que es ser conscientes de lo rápido que pasa la vida y creernos que al hacer muchas cosas somos más, y es todo lo contrario.
    Enhorabuena por tu artículo y gracias por tu ayuda.

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    • Muchas gracias por tu mensaje, Joseluiscordoba, qué amable. Creo que está bien saber que todo conlleva una renuncia. Y eso que saberlo no garantiza aprovechar el tiempo al máximo, pero conocerlo es el primer paso para vivir de acuerdo a ello.

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  3. He descubierto tu blog hace relativamente poco y me encanta la claridad con la que expones tus ideas.

    Yo soy un estoico “wannabe” que tengo clara la teoría pero al que la realidad, con su bombardeo diario de estímulos, su multitasking y sus agobios diarios, tiende a llevarse por delante.

    Muchas gracias por tus artículos. Seguiré explorando tu blog cuando pueda decir sí a leerlos sin otras distracciones 🙂

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